EL ESTANDARTE Y EL ROBO

MUESTRA INDIVIDUAL

Artista: Martin Palottini 

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Texto curatorial: Bárbara Pittera

Música: Juan Tomás Palomeque

De la serie "El estandarte y el robo"
De la serie "El estandarte y el robo"

Lápiz, bordado y plateado a la hoja s/ papel 48x61 cm 2019

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De la serie "El estandarte y el robo"
De la serie "El estandarte y el robo"

Lápiz y acuarela s/ tela 150x150 cm 2020

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De la serie "El estandarte y el robo"
De la serie "El estandarte y el robo"

Acrílico, lápiz y papel s/ mdf 150x200 cm 2020/2021

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De la serie "El estandarte y el robo"
De la serie "El estandarte y el robo"

Lápiz, bordado y plateado a la hoja s/ papel 48x61 cm 2019

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“El estandarte y el robo”

 

Existe una voz en todos nosotros que está siempre presente, una voz que perpetuamente canta su melodía al mundo. Es la voz de la verdad y la certeza, la voz que devela los misterios ocultos del alma.

Un espacio para consagrarlo afuera hay que consagrarlo adentro. Cómo nos construimos a partir de otros y cómo los otros nos construyen, revela el puente que Martin Palottini presenta en su obra. La pérdida de “La batalla de Anghiari”, conservada copia de Rubens pero inexistente original, abre el camino a Palottini a rendir homenaje a su glorioso pasado.

En sus figuras, Palottini busca ambigüedad y atemporalidad, anhela no limitar la visión del espectador, pero a pesar de eso el entorno lo atraviesa y da evidencia de esto.

El paisaje del alma, de sus personajes, en el reino de la relatividad, son instantáneos, como el relámpago, pero aparentan permanecer inconmovibles ante los pares de opuestos: encanto y dolor, presencia y ausencia, luz y oscuridad. "Están abatidos pero son héroes ocupados en pequeñas bellezas”, nos relata el artista. 

La sombra del mundo fenoménico parece sucumbir en ellos. Devienen libres, pero no caprichosos, espontáneos, pero no licenciosos, están totalmente desprovistos de obstáculos en su acción. 

¿Acaso una nube puede tocar los extremos del cielo? Palottini ve el origen del proceso creativo y allí se deja sorprender. Como un pedazo de madera es llevado por la corriente hacia tierras altas o bajas. Descontextualiza la figura y el blanco del fondo es el escenario de la ficción. 

Palottini romperá la técnica y buscará conmover. “Que arda el corazón es lo que quiero”, palabras de Jalaluddin Rumi que me resuenan al ver su obra.

Articulando un lenguaje personal, Palottini no piensa la construcción desde un solo lugar, se preocupa por las proporciones, hace uso del collage, pero siempre dosificando los recursos. Utiliza el grafito y la línea tenue: visible e invisible, mutable e inmutable.

No dirige sus sentidos hacia los objetos que desea representar, ni tampoco los retrae de ellos, sino que se enuncia como un espectador indiferente enfatizando el aspecto reflexivo e introspectivo de las miradas trazadas. Manifiesta la importancia del pasado, donde no hay muerte ni nacimiento, ni almas en lucha o prisioneros, ni buscadores de la liberación ni liberados. Esta es realmente su materia formal. Puede parecer como víctima del dolor y la tristeza; sin embargo, aunque experimente todo eso momentáneamente, nunca se deja subyugar por ello. “Hay que inventar un lenguaje, y ese lenguaje tiene que ser profundo”, volviendo a citar sus palabras. 

Miro sus personajes, caminantes del mundo, permanecen, no obstante, inactivos. Esclavitud y libertad son características de la mente, y la mente se sobre impone falsamente sobre el alma. Un punto de tensión en evidenciado. ¿Cuánto tiempo la ilusoriedad del mundo, abordado en sus personajes, parecerá real? Lo que miramos nos refleja a nosotros mismos y el estado en que nos hallamos, pero además nos desvela la gloria ilimitada de lo que podemos devenir.

 

Bárbara Pittera.